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Parte 1.-

Laura clavó el cuchillo en el estómago de Luis. El joven cayó de rodillas. Luego, mientras agonizaba, ella se acercó y entre lágrimas le besó con pasión.
– No dejaré que mueras con el beso de otra.

Parte 2.-

Luis abrió la puerta de una patada, tiró a la chica al suelo haciéndola rodar y manchando su vestido de tierra y ceniza.
– ¿Porqué lo has hecho?, te lo he dado todo, te he querido más que a ninguna.
– Eres un cerdo –dijo ella mientras que arrodillada se sacudía la suciedad de la boca–, estabas engañándome con otra. Has estropeado el día más feliz de mi vida.
– Te he dicho que la he dejado, no es mi culpa que viniera hoy, se lo dejé claro –dijo Luis mientras se aflojaba la corbata, quizás las palabras no pasaban por su garganta con la facilidad que necesitaba.
– Mi padre te va a matar, ya sabes cómo se las gasta con los pringados como tú.
– No me amenaces, nadie sabe dónde estás ahora, eres mi presa y te voy a devorar.
El joven sacó una navaja del bolsillo trasero del pantalón. La hoja brillaba y clamaba sangre para darle sentido a su existencia.
Laura lo miró a los ojos, predijo que la cosa no iba a acabar bien.
– Luis, te lo advierto, se defenderme de tíos como tú, lo he hecho muchas veces. No sigas, puedo matarte. No me conoces tan bien como crees.
– Eres una niñata, siempre los has sido, creo que volveré con la mulata, ella me sabe tratar mejor. Pero te dejaré un recuerdo en la cara para que no me olvides.
Luis se abalanzó sobre ella pero Laura con un golpeo medido en la muñeca le quitó el cuchillo que recuperó con la otra mano. Antes de darse cuenta la chica empuñaba el afilado acero y apuntaba hacia él.

Parte 3.-

Laura salió corriendo de la Iglesia. El velo quedó atrás como el resto de familia e invitados. Lloraba desconsolada. Se alegró de haber elegido zapatos sin tacón, podía correr libremente.
Tras ella, a unos metros, la seguía Luis con el semblante pálido y tenso, trataba de darle alcance. Pero sabía que no iba a ser fácil detenerla, la joven era una gran corredora.
En un gesto instintivo ella salió a la carretera y abrió la puerta de un coche que circulaba a poca velocidad, se subió en el asiento del acompañante.
El abuelo que conducía frenó el vehículo gritando del susto.
– Arranque joder, que nos va a pillar.
La puerta del conductor se abrió y el anciano salió disparado hacia fuera, Luis lo sacó con un fuerte tirón. Luego se sentó y arrancó de nuevo a mucha velocidad.
A lo lejos, los invitados salían de la iglesia y señalaban en su dirección.
– ¿A dónde vas? Estás loca.
– Vete a la mierda.
– No te entiendo, tanto tiempo preparándolo todo, para esto –un golpe de volante dejó ver que a Luis lo envolvía la ira.
– Eres idiota, ¿quién era esa? Te ha besado en la boca delante de todos. ¡En el altar! ¡Delante de mi padre, delante de mi abuelo!
– Se llama Débora y es… Era mi novia.
– ¿Cuándo la dejaste? –dijo Laura mirándolo furiosa.
– Joder, la dejé la semana pasada, no ha sido fácil pero ahora ya está.
– ¡La semana pasada estabas conmigo!¡Llevas seis meses conmigo! –la joven cogió el volante ante la estupefacción de Luis y abalanzó el coche contra el escaparate de una tienda de animales haciendo estallar el cristal en un millón de trozos.
Los clientes y dueños salieron huyendo en medio del humo y de las serpientes, que libres, reptaban con alegría fuera de sus terrarios.
Luis, aún aturdido, salió del coche y a trompicones sacó a novia tirando de su brazo. Vio una puerta que bajaba al sótano, arrastró a la chica hasta allí y le hizo descender los escalones. Luego llegó a otra puerta, pero al girar el pomo vio que estaba cerrada.

Parte 4.-

La marcha nupcial sonaba con alegría. La novia avanzaba hacia el altar cogida de su padre. Notaba su brazo fuerte, después de muchos años sirviendo en el ejército y ya retirado, seguía en forma. Iba a ser un abuelo con energía.
A lo lejos veía a Luis, un chico guapo y misterioso. No llevaban mucho tiempo juntos, pero era el suficiente para saber que se iban a amar toda la vida.
Al llegar a su lado su padre chocó la mano del joven y ella abrazó al general entre lágrimas, dándole las gracias por aceptar a aquel chico que no inspiraba confianza a casi nadie allí presente.
– Hola amor mío, estás preciosa.
Ella no respondió, la barbilla le temblaba de emoción. Solo pudo esbozar una tímida sonrisa.
La voz del Padre Lorenzo empezó a retumbar en el interior del templo. El silencio sepulcral de las almas allí presentes dio paso a unos tacones ligeros de ritmo que se acercaron al altar. Los novios se giraron extrañados y en un rápido movimiento una mujer morena y de pelo alborotado se abalanzó sobre el novio besándolo con pasión y agarrándole con deseo la entrepierna.
– Deb.. – intentó decir él a la vez que probaba sin éxito de sacar la lengua de esa mujer de su boca.
– ¡Luis, que haces! –gritó Laura horrorizada.
– Siempre serás mío – dijo la exuberante chica mientras abandonaba la iglesia ante la estupefacción y los murmullos de los presentes.
– ¿Quién es esa? – La novia, avergonzada vio como su padre asentía con la cabeza.
Miró con furia a Luis y le abofeteó. Luego le lanzó el ramo haciendo volar los pétalos de las rosas frescas.

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